Más amor, menos dietas.

Desde niña siempre he sido selectiva con mi ropa. Mi mamá tenía que evitar que sus amigas me regalaran ropa pues ella sabía que no iba a usar algo que no me gustara. Se puede decir que he tenido un sentido de la estética fuerte desde que nací. Creciendo, experimenté con muchísimos estilos de vestir. Mi adolescencia, como la de todos, llegó plagada de cambios. El más fundamental de ellos fue mi peso. Aumente varios kilos, debido al estrés y una pésima relación de consolación con la comida. Me era difícil encontrar ropa que me gustara y me quedara bien. Así que estuve obligada a usar lo que encontrara.

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